Por Pablo Recio
Apenas duerme. Sus ojeras, más pronunciadas que nunca, asi lo
delatan en sus últimas aparciones ante los medios. Jamás pensó verse en semejante encrucijada,
la misma que le incita a dudar y pedir consejo a su cuerpo técnico, íntimos y
más allegados, a dejarse llevar por su racional instinto o incluso a volver a
empezar de cero boligrafo y folio en blanco en mano. Nunca fue tan difícil
tomar una decisión que a priori, tras el gol de Iniesta, debía resultar innata,
aparentemente sencilla.
