Anduve zanganeando y perdiéndome en decenas de cosas que me impidieron pensar en dedicar algo de tiempo a este rinconcito. Nada extraño, ya saben. La vida siguió su curso más o menos habitual sin ofrecer ningún sobresalto desde la última vez que dejé algo por aquí. Pasó el frío, llegó un cierto calor para dar paso de nuevo al frío, pasó enchido el Ebro para sembrar a su paso innundación y miedo en el recinto Expo (no sé por qué la gente pasa de nombrar el artículo la y precedentes de cohesión; yo, por si acaso, también quiero dejarlo pasar para no quedarme demasiado atrás en el tiempo) y la Semana Santa, y sus pasos, también se fueron a descansar hasta el año próximo.