miércoles, 18 de mayo de 2005

Ilusiones rotas

Quizá de pequeña la viera alguna vez, pero no la recordaba. Sin embargo, la de este sábado creo que no la olvidaré en mucho tiempo. La ví llorar y apenas tiene 17 para merecer cosas como esta. Juega en un equipo de waterpolo, y les puedo asegurar que es una de las grandes pasiones que jalonan su corta vida. Lo ama con pasión, se divierte en una piscina. Con esa diversión y satisfacción, ella y el resto de sus compañeras lograron llevar a un equipo casi de amigas hasta la División de Honor, la categoría más alta que existe en el waterpolo femenino (como la Primera División de fútbol para que lo entiendan del todo). Era un sueño histórico pero complicado de alargar por más de un año.

jueves, 17 de marzo de 2005

Cuando fuimos héroes

Hace un año lloré por última vez. Y es una imagen que no se me olvidará en la vida, a pesar de que a menudo mi memoria olvide las pequeñas cosas que me suceden a diario. Aquel 17 de marzo de 2004 es un día que siempre me acompañará. Los nervios, la desilusión, la alegría, las lágrimas... Tantas emociones contenidas en los días previos que estallaron de madrugada. Aquella noche me sentí un héroe, el rey de España; simplemente, el mejor. Era parte de la historia y apenas podía creerme que aquello estuviera sucediendo. Hasta que lo asimilé y lloré. En realidad, poco hice yo en la conquista de aquella Copa -por no decir nada-, pero el compartir el día a día con los 'Héroes' me hizo sentir como parte de aquella hazaña. Puede que el 17 de marzo de 2004 haya sido el día más feliz de mi vida en mucho tiempo. Y jamás lo olvidaré. Por eso, un año después, sigo dando gracias a todos y cada uno de los hombres que me hicieron llorar por última vez. Aquellos que acabaron con el mito y demostraron que, en esta vida, los buenos siempre ganan.

viernes, 11 de marzo de 2005

El día de la infamia

Ya me temía yo desde hace tiempo que el 11-M Año I terminaría llegando tarde o temprano. El día en el que todos prometen no olvidar, el día en el que la televisión escupe lágrimas sin parar e imágenes demasiado duras como para tratar de hilvanar una historia con ellas, el día que tanto esperaban algunos. Tenemos desastre, tenemos noticia, tenemos minutos, horas y dias de silencio, tenemos reportajes de 'profunda investigación' que simplemente nos cuentan cómo vive ahora una persona tras semejante atrocidad, tenemos... Tantas cosas que me pierdo.

jueves, 24 de febrero de 2005

Sobre la nieve y la suerte


Hace falta que vuelva a nevar -un año más- para que recuerde de nuevo que soy un tipo afortunado. De lunes a viernes siempre tengo clase práctica de conducir, pero el pasado martes el profesor me dijo que no podía. Cuando levanté la persiana aquella mañana fui feliz. Zaragoza recibía una de las mayores nevadas de los últimos añosy yo, sin querer, me había librado de tener que conducir sobre calles de hielo. Entonces fue cuando me di cuenta de nuevo de que soy un tipo con suerte, de esos a los que les salen las cosas casi siempre bien aunque sea sin querer. Y esta vez lo fue. De todas formas, no creo en la suerte. Sólo la tengo y trato de no darle mayor importancia.

viernes, 18 de febrero de 2005

Una de pantallas

Empiezo a odiar el cine cada día con más virulencia. Pero es esa misma fuerza la que me lleva a ver más películas en cada vez menos tiempo. Un punto de locura sí que tiene esa frase sí. Es que resulta que cada vez que veo una -pero de esas que tienen algo, no me valen sólo los tiros más que una vez al mes- me quedo chafado; como pensando en qué puedo hacer yo para que me pasen esas cosas, en qué pasa con mi vida, en por qué alguien es capaz de imaginiar semejante historia que siento mia en cuanto aparecen los títulos de crédito... Encima, y para terminar de completar esta extraña fórmula, resulta que mis favoritas son las películas tristes, esas que te golpean bien adentro, y que cada vez me llevan a odiar más el cine, porque durante las dos horas siguientes a una película me gustaría vivir en ella y eso sí que es algo imposible. Como lo que sucede casi siempre en las películas, lo que pasa es que al menos te queda el consuelo de poder soñar con esa historia; aunque al final todo quede en eso, un consuelo.

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