
La vida aparece repleta de miles de situaciones absurdas. Lo muestra el relato que sigue. Completa y absolutamente real. Era de noche, cerca de la medianoche. No recuerdo el día exacto de la semana, pero sucedió hace ya algún tiempo. L y yo teníamos hambre; mucha, consecuencia lógica y natural de salir tarde de trabajar. Con el estómago en constante queja, nos encaminamos hacia un McDonalds que hay al lado de casa de L. Lo hicimos andando, lo que luego se convirtió en un tremendo error. Tan afortunados como siempre, el restaurante acababa de cerrar sus puertas. Tras gastar unos instantes en lamentaciones e improperios, decidimos que la única posibilidad de éxito pasaba por adentrarnos en el McAuto a pie, algo ya de por si extraño.