Una de los últimos reportajes. Montañés, José Mari y Víctor en las ferias. |
Cinco años de documentos, fotografías y recuerdos tan sólo
ocupan 633 megabytes en un pendrive. Me pareció poco. No me costó mucho
traspasarlos desde el ordenador que me asignaron a mi llegada al Diario As y
que vacié de efectos personales el miércoles por la tarde, apenas medio día
antes de firmar con gran dolor y de manera disconforme mi carta de despido. As
se ha acabado, es historia. Toca mirar hacia adelante y dibujar algo nuevo en
mi vida laboral.
El reto, por ahora, no me asusta, pero la intención no es
escribir sobre eso. Más allá del natural argumento del crecimiento profesional
y humano que todo (o casi todo el mundo) esgrime siempre en la puerta de
salida, As ha supuesto una etapa interesante. No fue tan divertida como mi
primera aventura en un periódico, en la redacción del Diario Equipo. De hecho
dudo mucho que vuelva a encontrar un ambiente tan familiar y agradable en
futuros empleos. No fue tan divertida, decía, pero la disfruté mucho y también
pasé grandes ratos.
Recuerdo perfectamente cuando Nacho y Bellido me explicaron en ‘Las Lesbis’ una noche de noviembre de 2007 que no tardando mucho me
llamarían de otro lado. Concretamente al día siguiente y sería el As. Dicho y
hecho, Pedro Luis me contactó en menos de veinticuatro horas y me preguntó si
quería subir al barco del Paseo Constitución 21. Había poco que pensar, Equipo
era mi familia pero allí apenas era un colaborador, así que me fui en busca de
un contrato. Me dio mucha pena, pero era lo que debía hacer. Cinco años
después, ya en la calle, no me arrepiento.
As, y su gente, me permitieron hacer realidad bastantes
ambiciones laborales y me ofrecieron pequeñas satisfacciones. Aún recuerdo como
Javi Hernández me explicó en los instantes previos a que noviembre echara el cierre
las rutinas del día a día, para que alcanzara el 1 de diciembre con los
conocimientos necesarios para no ser engullido por el servidor, los programas y
el sistema; que al fin y al cabo no era tan complicado.
Desde aquel inicio hasta ayer, día del fin, recuerdo con
mucho cariño diversos viajes siguiendo al Zaragoza a campos como el antiguo
Montjuic del Espanyol, a Mallorca (viaje de infausto recuerdo) o, el último que
hice, el pasado marzo a Gijón, en el que disfruté como un enano. También queda
el viaje a La Moncloa cuando el Rey recibió al equipo por su 75 aniversario,
las pretemporadas en Navaleno con sus escapadas a las fiestas de San Leonardo, algunas
mañanas muy divertidas en la Ciudad Deportiva, las tardes de risas cuando se
colgaba el planillo y el Pele llamaba hecho una furia, cuando Mario me contaba la
vida y milagros de infinidad de grupos musicales, las noches en la zona VIP de los
conciertos de Radio Zaragoza durante el Pilar…
También quedan cosas no tan agradables, como el ver caer
poco a poco a diversos compañeros en nuestra edición y en otras repartidas por
el país. Así hasta que el empujón me tocó a mí para cerrar una etapa en la
que aprendí y descubrí muchas cosas de cara al futuro incierto que ya me
alcanzó. Estoy tranquilo ante eso, como he repetido miles de veces en los
últimos días: por algún lado escaparemos.
7 comentarios:
Joder, qué memoria.
Yo no me acordaba ni de Las Lesbis.ñ
Fdo: El Boli.
No te creas que me funciona muy allá. Me da para recordar cosas importantes y poco más...
Ánimo, Monti, verás como al final todo es para bien... Un abrazo! Ricardo.
Muchas gracias Richi!
Mucho ánimo y muchísima suerte. Tu primer director.
Nos vemos cualquier día por el Casablanca.
Bueno, el segundo que el primero fue Jaime Armengol.
Muchas gracias Manolo! Nos vemos
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